miércoles 7 de febrero de 2007

El bebe sin nombre, por Martín de Cáceres


CAPITULO I



Hoy en día no resulta difícil para una estudiante obtener unos ingresos extra dedicándose a cuidar niños algunas noches por semana. Hay matrimonios jóvenes que no renuncian a salir al cine o al teatro y necesitan de vez en cuando de los servicios de lo que en argot se denominan «canguras». Generalmente el trabajo no tiene complicaciones, salvo cuando se trata de niños difíciles, y si eso ocurre basta con tachar de la lista la casa en cuestión. Pero, cuidado, porque también podéis encontraros con casos especiales que en un principio parecen no ofrecer dificultad: un angelote rubio que duerme como un tronco en su cunita justamente hasta que sus padres abandonan el piso, y entonces, sólo entonces, se despierta y se le ocurre pedir pipí, agua, un caramelo y caprichos que en otras circunstancias no se le hubieran antojado. Si alguna se topa con un asunto de estos es seguro que ya no se podrá seguir en paz la película de la televisión, o mantener una mínima continuidad en la sesión de achuchones con el amigo de turno, que generalmente llega una vez que el matrimonio ha abandonado el piso.




Saber qué casa es recomendable o cuál debe ser cuidadosamente evitada es algo que acaba intuyéndose a base de experiencia. Pero ni las más avezadas «canguras» pueden asegurar que no va a surgir un imprevisto que les amargue la noche. Se cuentan casos como el del matrimonio que desapareció sin dejar rastro, abandonando a su hijo en manos de su cuidadora (y, lo que es peor, sin haber abonado sus servicios), o el de la que tuvo que habérselas con un subnormal de quince años que pretendía ejecutar con su colaboración actos que, por otra parte y a todas luces, deberían ser considerados normales.
Sea como fuere, y descartando cualquier ánimo moralizador
, sirva el relato de esta verídica historia para advertencia de las intrépidas «canguras» que se comprometen, quizá demasiado alegremente, en una tarea que, lejos de resultar cómoda, puede convertirse a veces en algo sumamente inquietante.




* * *






Lucía pulsó el timbre y al cabo de unos instantes se sintió observada a través de la mirilla. Se oyó el descorrerse de un cerrojo de seguridad y alguien desde el interior del piso le franqueó la entrada. Una mujer alta y delgada, vestida de noche con sobria elegancia, apareció en el umbral.



—¿Qué desea? —preguntó cortésmente pero con sequedad.
—Vengo por lo del niño —repuso Lucía.
La mujer pareció vacilar un momento, pero luego una cierta sonrisa afloró a sus labios y retrocedió invitando con un gesto a Lucía.
—Pase, por favor. Estaba terminando de arreglarme —dijo.
En el salón, un hombre que contemplaba la noche a través del amplio ventanal se volvió cuando ellas entraron.
—El señor Mayer —dijo la mujer.



El caballero se aproximó a Lucía y le tendió la mano, que la muchacha estrechó notando un ligero pinchazo. Después advirtió que el objeto punzante era un anillo de considerables proporciones que figuraba una especie de coleóptero o araña, en cuyo lomo queratinoso había incrustada una piedra de un rojo muy oscuro. Al poco rato la señora Mayer regresó al salón con pasos silenciosos.



—Está dormido —dijo dirigiéndose a Lucía—. No creo que se despierte antes de que nosotros volvamos, pero en todo caso aquí hay un walky-talky que permite escuchar cualquier ruido procedente del dormitorio. De todas formas —continuó—, le ruego que no entre en la habitación de no ser completamente imprescindible. Y desde luego —añadió—, que él no la vea: es una criatura muy sensible y podría asustarse.



—Si me pidiera agua... —dijo Lucía.



—No la pedirá —aseguró con firmeza la mujer—. En todo caso, pero solamente en último extremo explicó—, allí hay algo que le agrada y que suele calmarle —añadió señalando un biberón colocado en una estantería—. Déjelo a su alcance y salga de la habitación.


—¿Pueden dejarme un número de teléfono por si surgiera algún imprevisto? —preguntó Lucía.
El señor Mayer se volvió hacia ella con cierta brusquedad.


—¿Qué quiere decir, señorita?
—Nada va a ocurrir, querido —intervino la señora Mayer recalcando las palabras y mirándole fijamente a los ojos.


—Es la costumbre —musitó Lucía excusándose.


—Naturalmente —ratificó la mujer sin apartar los ojos de su esposo. Y aproximándose a la mesa escribió algo en una hoja de papel que situó bajo el teléfono—. Aquí tiene —dijo—, pero no utilice este numero de no ser estrictamente necesario.


—¿El nombre? —preguntó la joven.
—¿Cómo?
—¿Cuál es el nombre del niño?
Un espeso silencio descendió sobre la habitación. El señor Mayer entreabrió los labios como para decir algo, pero ningún sonido salió de su boca. La señora Mayer apartó la vista del rostro de su esposo y miró a Lucía esbozando una sonrisa forzada.
—No lo hemos bautizado —explicó por fin—. En realidad es fruto de una adopción.
—Pero lo llamarán de algún modo —adujo la muchacha.
—Desde luego... —respondió la señora Mayer sin dar otra aclaración.

Un fuerte viento barrió las nubes y la luna llena hizo su aparición. Se oyó un aullido lastimero y el hombre lobo hundió sus garras en la garganta del periodista...


Lucía disminuyó el volumen de la televisión y prestó atención al minúsculo altavoz conectado con el dormitorio del pequeño. Le había parecido percibir un sonido procedente del walky-talky, pero tras unos instantes de escucha volvió a depositar el receptor sobre el diván y reguló el volumen de la televisión hasta que los alaridos del hombre lobo y los estertores del periodista alcanzaron una intensidad discreta. Alargó su mano para tomar la revista que había estado hojeando y advirtió que estaba fuera de su alcance. Por alguna razón, a la que seguramente no era ajeno el hombre lobo, cuando había vuelto a sentarse lo había hecho en la parte del diván que le permitía contemplar toda la habitación teniendo la pared a su espalda.



Las imágenes se sucedían en la pantalla del televisor, pero Lucía las contemplaba distraídamente: los Mayer se habían marchado y ella no se había vuelto a acordar de preguntarles el nombre del niño. Claro que en caso de necesidad siempre existía la posibilidad de llamarle cosas como «rico», «bonito», «encanto», con voz melodiosa y dulce. Realmente conocer el nombre era importante, pero podía suplirse adoptando un tono de voz afectuoso y desde luego exento de cualquier vacilación que pudiera dejar translucir el miedo.


La presentadora se despidió de los espectadores deseándoles un feliz descanso, y su imagen quedó congelada unos segundos en la pantalla luciendo una estereotipada sonrisa que, incapaz de mantener por más tiempo, se convirtió en una mueca horrorosa una décima de segundo antes de que su rostro desapareciera definitivamente. La pantalla quedó en blanco y un estridente pitido invadió la estancia. Lucía se abalanzó sobre el televisor temiendo que aquel sonido despertara a la criatura y lo desconectó de un manotazo. Se hizo un silencio súbito y la muchacha lamentó que las emisiones hubieran finalizado.


Examinó detenidamente el salón y se detuvo especialmente en las fotografías enmarcadas en plata sobre la repisa de la chimenea: el matrimonio Mayer y su hijo eran el tema de todas ellas. La señora Mayer sostenía en brazos a la criatura, pero las ropitas infantiles abrigaban de tal forma al niño que era imposible ver siquiera la punta de su nariz. En otras, la madre aparecía sentada cerca de la cuna del bebé y rodeándola con sus brazos, pero en ninguna de ellas era posible contemplar ni un dedo de la criatura.


Algunas instantáneas mostraban solamente la cunita sin nadie alrededor, y había una en la que aparecía la madre sosteniendo en brazos a su hijo, que mostraba haberse desarrollado extraordinariamente, pero que continuaba vestido con prendas propias de un recién nacido. En aquella fotografía hubiera podido contemplarse el rostro de la criatura si no hubiera sido porque alguien había recortado cuidadosamente la porción de cartulina correspondiente a la cabeza del niño.





continuara....muajajajajaja XD!!

martes 6 de febrero de 2007

Loteo Brujo (Integrantes)

Fotitos para mirar =)

















Julieta




LOTEO BRUJO GUITAR I°






FECHA DE NACIMIENTO: 8 septiembre de 1980.

EDAD: saque la cuenta .



PESO: 45 kilos.


ESTATURA: 1, 50 mts ( soy chiqui y q?)



INSTRUMENTO: la guitarra electrica es mi verdadero amor, pero tambien me engatuzo con el teclado, el violin, el bajo y la voz.



GRUPO: Loteo Brujo



GRUPOS FAVORITOS: The cranberries, Radiohead, Evanescense, Guns n' roses, nirvana, candlebox, entre otros.


*los otros q alguien quiera saber agreguelos al post